Un Chile aspiracional

En publicidad, las aspiraciones son una debilidad de las personas. Esta debilidad convierte a cada uno de nosotros en un target de consumo. La publicidad y el marketing -muy de la mano en estos últimos años- orientan sus cohetes a nuestra parte perfeccionista, que aspira a más, que desea ser mejor. Para vender un producto, crean estas campañas con prototipos de mujer u hombre, de familias, de niños. El consumidor se identifica con esta "imagen" y desea obtener el producto para sentirse como el modelo del comercial, para tener la familia perfecta que aparece en el comercial, o para parecerse a Penélope Cruz o a Antonio Banderas, para alcanzar su yo ideal.
Así es como compramos perfumes, marcas de ropa, cómo compramos en ciertas tiendas, por qué vamos a ciertos supermercados o por qué usamos tal o cual champú. Ser aspiracional es algo que llevamos dentro. Algo que los medios explotan. Consumimos los productos o servicios que nos hacen ser mejores.
El ser aspiracional, se puede observar en situaciones como éstas:
- Mantener un estilo de vida que no está de acuerdo a tus ingresos. Ya sea compra de artículos o bienes con dinero prestado (crédito).
- En el trabajo, ascender o conseguir beneficios a través de establecer relaciones con tu gerente o superiores.
- Modificar tu aspecto natural para ser aceptado.
- Cambiarte el apellido.
- Ser visto en determinadas tiendas o locales.
Dicen que los países se merecen a los gobiernos que poseen. Algunos piensan que Chile se ha vuelto aspiracional, y que ya no tiene memoria. No quiero conformarme con ello, con que somos aspiracionales, pero eso quedará claro luego de la segunda vuelta el 17 de enero.
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