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Mostrando entradas de febrero, 2013

La boca del lobo

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Cuando me fui bien lejos
a los caminos
en los que perros salen a tu encuentro
en la noche
cuando empieza a llover
y el frío no es suficiente
aún
para hacerte temblar
dije palabras al aire
oscuro de la noche
mientras el vapor que expelía mi boca
me hacia tiritar
pero no de frio
ni de miedo
sino de la emoción
de un bosque
que te anhela
como te podría anhelar
un hombre desde la distancia
y que cuando por fin
te tiene
no sabe si llover o amanecer
mientras caminas por él 
como por un sendero húmedo.

Mis palabras negras
no dijeron nombre
ni verbo
ni adjetivo
que cupiera que pudiera
describir
la vibración de mil árboles
en la noche
tras un ladrido de perros locos
o de ranas cantando sobre las nalcas.

Un hombre duerme y 
su respiración es infinita
su piel se extiende en su cama
entre sus ropas
sobre la almohada
Digo su nombre en sueños
con el vapor de mi boca
preguntando si viene
porque no está
¿donde está? 
que se demora
quizás no existe
y quizás yo no existo tampoco
pero me sueña en una cueva oscura 
de su inconciente
de donde sale la rab…

AMOK de Atoms for peace.

Unas cuantas Partidas

Habíamos pensado en irnos lejos
a recorrer la carretera desértica
o volar hacia un lugar reservado
Habíamos pensado que 
no nos importa lo que hagan
que igualmente los borraremos
de nuestra vista como se borra
el desprecio de alguien a quien
amaste.

Nos quedaremos con el soplo
del silencio
en nuestras pequeñas ventanas.

Con los mendrugos del pan que fue bueno
y que ahora
como los recuerdos
nos salva del hambre del deseo.

Las Ganas

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Había una pareja a la salida de la estación del metro. Yo estaba parada en la vereda del frente. La brisa corria fresca, la gente en las terrazas de los bares se divertía. Yo esperaba. 
Entonces, entre el alarido del tren y las jaurías que emergían del subsuelo en busca del aire, ellos comenzaron a besarse. Yo los miré. Se besaban. Lento. Profundo. Pensé que besos así no he dado en bastante tiempo. 
Era puro deseo. No pude evitar imaginarlos en la cama, mientras observaba cada uno de los movimientos que sus cuerpos buscaban hacer, pero que intentaban ocultar. 
Me llamé a mí misma Voyerista... Mirar me produjo placer.