Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2009

La boca muda

El silencio es un silbido nocturno
y la pausa que se arrastra
entre tus palabras y las mías.

Te fuiste, lo dejaste conmigo
mientras decides volver
habiéndole dado claras instrucciones
al sonido de la puerta
a esos pasos profundos
que a veces creo oír.

Por las mañanas cuando duermes
casi eres un silencio
A veces se borra tu cara
y tus ojos se queman
No eres nada
estás allí sin embargo
transparente
tus huesos se parecen
a una serpiente vacía

Silencio humano,
de muerte silencio.

Silencio es un engaño
mientras le late a uno el corazón
y se le enfrían las manos.

Esto es como morir

Imagen
Esto es un poco como morir

Que le entierren el puñal lentamente
mientras el sabor de lo amado
entra por los ojos y oídos

Vaya que durará

Con la llave en la mano
una puerta de serpiente me susurra ideas
quizás cambie
quizás me pierda en las calles allá fuera
me convierta en sal

Entonces va:
tu barquito echa fuego por las ventanas
el agua parece un espejo negro
por donde serpentean llamas amarillas

Un poco como morir

Miradas de ojos de lluvia
mientras me incendio sobre la silla
que se vayan las flores con la corriente
que me corten las yemas las cuerdas

Morir así es

un salto al vacío provocado
por el estallido de la roca
descubrirse de improviso
para quedar al fin desnudos.




Ilustración: Gustave Doré.

La Ira

Imagen
Otro hervor se hace patente.

Mis tripas arden
un ácido aflora bajo mi lengua silenciada

Una puntada yace en el seno
hecha de tus palabras empuñadas
con la mano ruda
misma que calcula bien sus cifras
y que dibuja equis sobre nuestra frente

El mundo gira
gira
¿que acaso nadie te lo dijo?
seguramente no lo oiste
con el ruido de las monedas
o el clamor de los relojes viejos
los gritos de los que tranzan
ficciones en la bolsa
la marcha de los hombres a la guerra
una guerra
de nombre moderno
enmascarada de siglas
y justificada por barriles vacíos
de una paz inexistente

interpreta el silencio de mi dedo
la angostura de mis labios
los ojos que te evitan
mientras unos cuervos salvajes
lamen su pico deseando
tu carne seca

no hay modo alguno de salvarle
de la caída de sus torres
de la locura de sus escuelas
de las manos que empuñan eso negro
hecho de fuego