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Mostrando entradas de enero, 2010

sin tiempo

Dijeron que viene una tormenta
Y en la montaña se cierne
la oscura noche
Luna oculta
sólo muestra su sombra
El río hace creer
que la lluvia está
sobre nosotros.

¿Y quién es el maestro en este tiempo?
El que yace muerto
o aquel manifestado en la
oscura noche
Luna oculta
que sólo muestra su sombra
mientras llueve
en el interior de la montaña.

9 de copas

El mantel está puesto, mi amor,
brindamos en la calle,
mientras los naipes caen
y los semáforos se vuelven verdes
de una vez por todas.

La bóveda i

Este cuerpo
sólo necesita la luz adecuada
para volverse suave.
Sus honduras
sus curvas requieren
compasión
Sus ojos están ciegos
a todo
a la cultura muerta
y al dinero que cae de los árboles.

Tan sólo puedo amarle
con una lengua amarga
de amor
las palabras lo intentan
lo formulan

pero
es tan imperfecto
tan falto de belleza
de esa que está
metida en la cabeza

de esa
que se logra con sudor
con cuchillo
con desprecio
que llena las portadas
de todas
nuestras revistas.

2 meses (la otra mirada)

He imaginado mi fin muchas veces. Pero nunca he creido que estará en las manos de los médicos. Tampoco que se acabaría mi respiración, dejaría de latir el corazón -que a pesar de todo- aún sigue intacto. Lo que estalla en mi interior, en mi sangre, más que la enfermedad y mis dolores, es una batalla. Todo se ve claro, un día bueno en el que el dolor cesa, cuando llegan los amigos a verme, para contarme historias que suceden allá afuera. Y de esa fina hebra de entusiasmo llamada esperanza, pende todo lo que conozco como existencia.

Supe que quería cambiar mi vida, desde aquella vez en Ibiza, dónde pasé cinco días enferma en la habitación de un hotel. Y mi búsqueda me llevó a darme cuenta de la bruja en la que me convertí, en la mujer amargada que le gritaba a todo el mundo. Sí, una batalla más. Dijeron que estoy peor que antes -cosa que me sorprende-. Dijeron que lo peor está por venir. Digo que de mí tan sólo emerge un único deseo: vivir un día más.

No haré lista de cosas que me faltan …

2 meses

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He imaginado mi fin muchas veces. Cómo se acabaría mi respiración, cómo dejaría de latir el infimo pedazo de corazón que aún sigue intacto. El estallido de mi interior, mi rostro abandonado por su alma. Y esta batalla me vuelve impotente, me queda tan sólo esa fina hebra de entusiasmo llamada esperanza, de la cual pende todo lo que conozco como existencia.
A mi vida he querido cambiarle el rumbo muchas veces, pero no he podido poh. Y ahora que un matasanos me dice que estoy peor que antes -cosa que me sorprende- y que lo peor está por venir, tan sólo emerge de mi un único deseo: morir tranquila y en silencio.
No haré lista de cosas que me faltan por hacer. No repasaré los lugares a los que no alcancé a viajar. No estoy segura de querer darle a alguien algún abrazo que debí dar antes. Tan sólo tengo miedo.... Y dos meses es muy poco tiempo.

Un Chile aspiracional

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El término aspiracional se deja oir mucho últimamente. Se la utiliza a cambio de arribismo en algunas ocasiones.
En publicidad, las aspiraciones son una debilidad de las personas. Esta debilidad convierte a cada uno de nosotros en un target de consumo. La publicidad y el marketing -muy de la mano en estos últimos años- orientan sus cohetes a nuestra parte perfeccionista, que aspira a más, que desea ser mejor. Para vender un producto, crean estas campañas con prototipos de mujer u hombre, de familias, de niños. El consumidor se identifica con esta "imagen" y desea obtener el producto para sentirse como el modelo del comercial, para tener la familia perfecta que aparece en el comercial, o para parecerse a Penélope Cruz o a Antonio Banderas, para alcanzar su yo ideal.
Así es como compramos perfumes, marcas de ropa, cómo compramos en ciertas tiendas, por qué vamos a ciertos supermercados o por qué usamos tal o cual champú. Ser aspiracional es algo que llevamos dentro. Algo que los…

La gente todavía se casa

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El lugar era una rosa de los vientos. Gentes que parecían orientales, gringos hablando alemán y francés, español e inglés. Nosotras gritando como locas para sentir que de repente bajó el volumen del ruido a nuestro alrededor. Quizás era el paso de un ángel, más seguro el de un demonio.
La gente todavía se casa, pensaba, como resultado de la convivencia y no al revés. Las copas nos pusieron contentos y luego los músicos nos hicieron sentir amor. Apareció la champaña, el brindis, los abrazos y lo otro.

Las calles de la ciudad cambian un día antes de año nuevo. La noche nos abrazó afuera, dónde a esa hora pasean los gatos y la basura aguarda estoica en las esquinas.