imperdonable


En una noche de la Ciudad me subí a un bus y me fui a la playa. Mi compañera de asiento es una venezolana. Me dice que tiene miedo de que pase algo, como un terremoto por ejemplo. Le digo que no tenga miedo. Si tiembla y estás en la playa y ves que el mar se recoge, le advierto, no se te ocurra ir a buscar las conchitas o quedarte mirando; sigue a los otros cerro arriba. Se cubre con la chaqueta y cierra los ojos para dormir. Se abraza preocupada. Yo me abrazo y pienso que ya no tengo miedo de los terremotos mientras mi vida como era antes se me derrumba. Más miedo me dan los otros, pienso, esos para quienes soy ahora imperdonable. 

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