Diarios de viaje

Han pasado quince años. La última vez que te vi me entregaste tus viejos libros de viaje.
Hablabas de arquitectura de las ciudades que visitabas, de las geomorfología, de tus problemas, de tus novias... Escribe sobre ésto, dijiste, y me pasaste todos esos cuadernos viejos.
Yo lo único que pensé fue que eras arbitrario, que no sabía cómo se podía hacer. Pero como yo estaba enamorada, no dije nada.
Nunca he podido hacerlo: escribir tus historias. Era muy triste recordarte. Hasta ahora.

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