Piececitos de niña: crónica de una performance de Cecilia Vicuña

El premio nacional de literatura está desprestigiado desde que Gabriela Mistral mismo no recibió el premio hasta tiempo después de haber recibido el Nobel de Literatura.

Quería refererirme a varias cosas que han sucedido en estos días: El premio nacional de literatura y la presencia en Chile de Cecilia Vicuña.

Escribo este texto desde el desapego. Un fenómeno extraño de desapego de no tenerte y no buscar tenerte. Es quizás porque estoy bajo observación de mi misma: quiero saber a dónde voy a llegar si sigo esta ruta.

Cecilia Vicuña en la sala museo Gabriela Mistral de la U de Chile 23-Agosto-2016
Comienzo con Cecilia Vicuña, quien está radicada en New York, y por estos días está en Chile y ha participado en una serie de eventos, partiendo con el elitista eXcentrico de Hemispherica; y ayer en la Casa Central de la Universidad de Chile, en donde presentó una performance llamada "Patipelaos". No es que fueran las únicas actividades, pero he tenido mi atención en ellas.

Partamos desde el pasado personal: el profesor Angel, profesor de taller literario en la escuela básica me decía "mi Gabriela". Yo sentía en ese momento de mi infancia solitaria que era lo peor ser comparada con la cursilería de Gabriela Mistral. Al menos esa era mi apreciación infantil en base a lo que me enseñaban de ella, lo que se mostraba en la dictadura. Afortunadamente, esa visión se actualizó cuando fui adulta y tuve acceso a sus libros, y a lecturas de su poesía de maestros menos convencionales (como Pablo Marchant, por ejemplo).

La performance de Cecilia Vicuña se llamaba Patipelaos, haciendo referencia a esos que llegaron a ver a Gabriela Mistral, o al menos  a sus embalsamados restos, que fueron velados por tres días en la casa central de la Universidad de Chile. Gabriela, como esta madre perfecta poeta del pueblo de Chile, que vivió fuera de Chile y que representaba a Chile en el extrajero, era una joya del Pueblo de Chile, pero una poeta madre censurada, velada para nosotros niños patipelados que crecimos a la sombra de su árbol poético. La madre de todos, visitada por todos, de la misma manera fue velado Pedro Lemebel, velorios populares de un Chile que fuera de la academia hace suya la poesía.

Cecilia Vicuña, acompañada de sus hebras de lana -esta vez azules-,  se paró en la entrada de la Chile, para recordar al Chile patipelado de la Gabriela. Yo estaba ahí esperando y me preguntó quien era. Le dije que venía a presenciar la performance, y me preguntó si acaso quería ser voluntaria. Entonces, me "mandó" a mí y a una mujer amiga suya que fueramos "pilares" cerca del bandejón de la Alameda. Ella sería la punta de triángulo en la entrada de la casa central; y enredó los hilos entre los postes-personas que éramos nosotras, las estatuas, y los otros que que se habían reunido allí o que circulaban a eso de las 5 de la tarde por la vereda. Hacía frío, y yo tenía las manos frías (y azules de frío?) enredadas con la lana azul que me entregó. Yo estaba allí para verla, por primera vez en persona, y terminé enredada. Sentí -sin exagerar- que estaba en una especie de constelación familiar, un acto chamánico. Cecilia Vicuña luce como una chamana.

Piececitos de niños azulosos de frío, en la performance "Patipelados"
Esto no lo ví de cerca, pero después de un rato se sacó los zapatos y algunos de los voluntarios también lo hicieron, y pintó de azul manos y pies. No sé qué dijo o cantó; yo estaba lejos. Pero luego de una hora de ver a las gentes pasar por abajo del triángulo-enredo de hilos, pasar por el lado, enredarse, reclamar, o casi ahorcarse o engancharse o preguntar qué pasaba, la multitud que acompañaba a Cecilia, entró tras ella. Los que iban de pies y manos pintadas, cargaban un vellón azul de lana como si fuera un cuerpo, el cuerpo de Gabriela Mistral.

La Joyita Cartonera participando en la performance.
Se dirigían descalzos a la sala museo para la poeta Nobel de Literatura, caminando por los cartones dispuestos sobre la baldosa aun más fría que la casa central. Entré junto a la multitud trás esa procesión. Cecilia iba cantando, pero su voz y su canto eran como un lamento. Dentro de la sala, a la que dejaron entrar solo 40 personas, Cecilia se sentó en suelo junto a los piececitos azules de frío que la acompañaban, y se puso calcetines. Mientras más cerca del piso helado, del frío de la muerte, más calor se siente, dijo. Luego se dirigió a un escritorio y se sentó frente a él. Allí sacó un cuaderno, cuya tapa era una foto de Gabriela con un cigarro en la boca. Entonces, comenzó su lectura, su canto, su discurso, que parecía una conversación de niños escondidos, o la voz de una fantasma que la poseyó. Cantó y recitó y habló.

No sabría decir bien, que parte de todo su discurso estaba escrito y que parte estaba improvisado (excepto un par de frase sobre la hora). Pero creo que su discurso/mantra/canto/lectura tocó los siguientes temas:

  • Chile era otro país antes de la dictadura.
  • hubo una transformación de la conciencia social, hacia una conciencia individual pero mejor dicho una individualidad.
  • Cuando era adolescente, así como yo me retorcía por el "mi Gabriela" de mi profesor; Cecilia Vicuña y sus compañeras se reían de esa poesía porque la consdieraban cursi.
  • Cuando Cecilia fue obligada en el colegio a aprender de memoria Los Sonetos de la Muerte de GM, algo físico le sucedió, sintió que algo frío le subía de los pies a la cabeza, como si fuera la muerte misma que hablara a través de la poesía de GM. Era la muerte misma hablando a través de GM. Fue cuando cambió su opinión sobre ella, para siempre.
  • La Casa Central era/fue como una tumba fría.
  • La voz de GM, su poesía, era algo que estaba truncado/censurado/callado, enterrado en esa tumba fría
  • La voz de Malú Urriola, Elvira Hernández, Soledad Fariña, es la poesía que está hablando con las palabras robadas. Es la poesía que está hablando la verdad hoy en Chile.
  • Algo está sucediendo en Chile, un despertar. ¿Es acaso la rabia aguantada por tanto tiempo la que saca a las personas a las calles?
Deje su mensaje acá - en la sala museo de la casa central de la U de Chile.


Estoy escribiendo ésto y me tiemblan el ojo izquierdo. Carmen Berenguer no ganó el premio nacional, ni tampoco Elvira Hernández. Fue ganado por el señor Manuel Silva Acevedo. Según los presentes el día de ayer en la CC de la Chile, es un buen poeta que escribió una obra hace treinta años. Yo en particular no he tenido la suerte de leerlo, es mi punto ciego eso de fanatizarme por mis referentes que surgieron durante mi infancia y adolescencia. Según el consejo que seleccionó a Silva Acevedo, fue nombrado debido a su "presencia poética clave en nuestra literatura, desde su profético y multivalente poema Lobos y ovejas (1972)". Yo no sé nada. Sin embargo, veo la presencia de las mujeres como las que he nombrado en este texto y me parece que valdría también la justificación para ellas. Igualmente, no deja de parecerme que estos señores están desfazados por lo menos unos treinta años en el asunto del aporte y presencia... Quizás todos debieran ganarse los premios, a lo mejor todos ahora debieran estar siendo reconocidos cada año.

Alguien decía por ahí que no era asunto del Ministerio de Educación entregar un premio como éste. Alguien dice que se trata de leer los libros o que son libros que se escribieron en 1972. Yo quisiera precisar que ni siquiera se trata de libros, sino de la poesía misma. Yo quisiera precisar que este tipo de premios no le sirven mucho a nadie, exceptuando por el premio que alcanza a los casi 20 millones de pesos y al casi millón de pesos mensual como pensión vitalicia. El objeto es galardonar a los chilenos que aportan en la cultura, pero lo que veo diariamente son héroes y heroínas que van al trabajo, escriben, miran, opinan, sin temor, y nunca han recibido reconocimientos. Esto es la normalidad. Luego este apetitoso premio, es otorgado, levantando polvo. El premio nacional de literatura está desprestigiado desde que Gabriela Mistral mismo no recibió su premio hasta tiempo después de haber recibido el Nobel. ¿De qué me están hablando? Se están robando la plata los políticos, los viejos están recibiendo pensiones miserables, Codelco se dice "no tiene un puto peso", y nosotros nos sacamos la ropa de rabia, las pisoteamos en el suelo, como los entrenadores de Mongolia en los JJ.OO. 2016 de Brasil. Mientras esperamos que este sistema se alinee con la realidad chilena, con la realidad de las escuelas, con la realidad de la educación en Chile, con la realidad de los adultos mayores, con la realidad de la poesía en Chile.

Chile país de poetas, y se jactan de ello.

Afiche del documental de Morín Ortíz y Victoria Ramírez


Bueno, luego cerca de las 8 se realizó en la  misma casa central, en la sala Sazié (dedicada a cine), la avant première del documental "Todos los ríos dan a la mar" dirigido por Morín Ortíz y Victoria Ramírez. Una tesis de periodismo que terminó siendo un documental de 15 minutos, que habla de Cecilia Vicuña, su poesía y su conexión con el río Mapocho. El documental quedó bien hecho y la música (minimalista) fue realizada por Nicolás Sandoval, quien es compañero en el taller de Escritura y Género de Carmen Berenguer (iniciado en Julio 2016). Es un documental bello. Mapocho significa río que se esconde en la tierra, como muchas cosas en Chile. Es una de las cosas que dice Cecilia en el documental. Es sencillo y no es pretencioso. La vinculación de las periodistas y directoras con la poeta, ha sido aún más interesante, debido a la sencillez y acercamiento (y exigencia) de Cecilia Vicuña. Que, como varias de nuestras referentes en poesía, tienen la modestia de los poetas con trayectoria: una puede acercarse y hablar con ellas, aunque sea de las cosas personales, aunque sea de vino o hierbas o de la vida. Este documental será exhibido el 3-Septiembre en el festival Poesía y Música que se realizará en el Centro Cultural de España, en Santiago. Vale la pena aparecerse por ahí, ya que seguramente Cecilia estará también presente.

Creo que he tocado más puntos de los que quería en el principio, pero me quedo solamente con dos imágenes: la imagen del entrenador mongol que se desnuda enrabiado después que su representante perdiera un punto por burlarse del contrincante. Espíritu olímpico, dicen. La segunda imagen es la imagen tuya que aún no me borro de la mente porque es tan pero tan real y -por lo mismo- espectacular que prefiero repetirla en mi mente antes que describirla en  mis textos. FIN.





Fotos de Eli Cárdenas, menos flyer del documental de Morin Ortíz y Victoria Ramírez.

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