Me siento frente a mi texto y me pongo a pensar


En seis meses suceden muchas cosas. Suceden. Buenas, malas, o como sean, una está enfrentada a las cosas sin darles un juicio de valor.
Aquí me encuentro frente al texto que escribí hace un año atrás. Se suponía que era una historia de amor, pero una melancólica historia que empieza, termina y rompe algo mío; una estructura.
Escribí "Esa persona que llora en las vitrinas" pensando en escribir un diario. Cada día algo de la poesía en medio de una relación. Originalmente se llamaba "40", como una reflexión y un cambio de folio y mirar para atrás y pensar "Mira, hemos aprendido algo querida yo".
Luego, cuando fue tomando forma y cobrando personalidad. Pasó incluso por la no-lectura de ciertos amigos que finalmente no me dieron  o no se atrevieron a darme una opinión. Porque hay que sentarse para leer algo y darle tiempo, no solamente pensar en cómo lo haría una.
Bueno, aquí yo estoy ahora después de estos meses de "Escritura y Temblor", temblando ante mi texto, revisando sus motivos, haciendo deconstrucción... vuelvo a él para dejarlo hablar y escucharlo.
Me siento frente a mi texto. Me siento. Siento mi texto.

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