La D.D.

Aquí estamos. Al humo de tu cigarro se lo lleva el viento, mientras tu boca abierta lo deja ir lentamente. La noche de primavera cae sobre nosotros y sobre los techos tibios que se ven hacia el poniente. En el cielo buscamos ovnis que sabemos no vendrán, pero nos conformamos con estrellas fugaces que apenas se ven y que nos hacen doler los ojos mientras las seguimos.
-Esa no era un estrella fugaz.
-Sí era. Yo la ví clarita.
-A esta hora no se ven estrellas fugaces, sobretodo con la contaminación lumínica de esta ciudad.
-No le quites el encanto.
-Pero si es verdad, a esta hora se ven los satélites porque el sol rebota en ellos. van a una altura aproximada de...
-Ya. No te pongas fome.
Me pongo la chaqueta sobre la cual estoy sentada. Trato de escribir algo en mi croquera, pero cuando estoy contigo nunca puedo.
-Qué somos nosotros Rino?
-A qué te refieres
-Qué somos? Qué tipo de relación tenemos?
-Amigos?
Amigos. No me sorprende esta indecisión. No me sorprende que a veces no quieras contarme nada de tu vida, porque según tú no tengo por qué saber. Me pierdo buscando la Virgen del Cerro y luego a Xerox y luego algún rayo de la Torre Entel. La gigantografía que reluce en un edificio a lo lejos me recuerda viejos sueños. 
-Te acuerdas cuando se murió Romi?
-Cómo olvidarlo.
-Una vez tuve un sueño. Uno de aquellos que son tan claritos como el día.
-A veces tengo días así.
-Nunca me alcancé a despedir de él. Y en el sueño me dejaba un mensaje que yo encontraba en los anuncios de las azoteas de los edificios. Cómo aquel que está allá.
-Y qué decía el cartel?
-Era otro idioma, pero yo entendía lo que decía.
Te quedas callado mientras tu cigarro se consume. Puedo ver en otras ventanas otros cigarros que se encienden en la oscuridad. Una estrella roja parpadea en medio del cielo.
-Yo también entendí ese sueño.
-cómo?
-Que también tuve un sueño así. El mismo sueño.
-Y eso puede pasar?
Puede pasar que otro tenga mis sueños? Puede pasar que otro entienda lo mismo que yo? Si habían cosas que no entendía de ti, ahora puedo sumar otra más. Un sueño igual al mío, en otra cabeza que no es la mía.
Te pones de pie y tiras la colilla hacia abajo, hacía dónde están las luces amarillas de la servicentro de dónde entran y sales vehículos cargados de combustible. Comienzas a bajar por la escalera de servicio y yo no sé si seguirte o quedarme sentada esperando algo. 
Un minuto después decido bajar por la escalera, para ir en busca de ese algo.

Comentarios

elisa...lichazul ha dicho que…
no renunciar a los sueños
no claudicar en su búsqueda

me deja este encantador relato con diálogos simples
un gustazo leerte eli querida, andabamos medias perdidas , pero ya nos encontraremos:=)

un abracito energético para el resto de este día y semana:=)

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