UN ENCENDEDOR QUE NO ENCIENDE | UN VIAJE A POLONIA PARTE II

Yo quería ir a los campos de concentración, porque no quería que quedara en mi memoria como una película. Como algo que pasa en Chile, que la gente quiere borrar, quiere no creer o donde no hay ningún gesto de reparación (que sea real)... el museo de Los Derechos se quedó así, como un museo. No podía tener otro nombre, algo más vivo acaso.
Nuestro "paseo" empezaba en la mañana. Nos llevarían a un viaje por todo el día hacia el área donde estaban los dos campos de Concentración de Polonia: Auschwitz y Birkenau.
Sé que es un "trabajo" sicológico que parte en el bus que te transporta. El guía puso un video una hora sobre grabaciones del día en que se liberó a la gente. El día en que trataron de quemarlo todo, incluso a las personas. La crudeza y violencia del video nos dio náuseas. Unas náuseas verdaderas, de asco, de algo enfermizo. Y fue así, mareadas, que descendimos del bus en la primera parada: Auschwitz.

Yo me decía "Eli, tenemos que recordar ésto, para no perder la memoria" y seguramente es por ésto que estos campos siguen abiertos y recibiendo a familiares de presos, de personas asesinadas, de judíos que vienen en grupos de colegio, de gente que viene como yo, a hacer una especie de peregrinación. Porque simplemente en nuestro país no existe. Todavía no existe que podamos mirar la verdad, la brutal verdad y respetar la memoria. Por el momento sólo tenemos cosas hermosas y sutiles como "Nostalgia de la luz" o "Botón de nácar" de Patricio Guzmán para "sospechar" la brutalidad que devastó familias y que aún las mantiene bajo una pena de la pérdida sin conformismo.

Polonia es hermosa, pero también sencilla, y será por esta misma especie de vergüenza del holocausto? No lo sé. Pero cuando recorrimos los caminos, los edificios, los subterráneos, las escaleras, los muros, donde vivieron hacinados, donde perdieron la vida, donde fueron producto de abusos y escandalosas pruebas y torturas, familias de distinto origen provenientes de toda Europa. Estuvimos ahí y caminamos a lo largo de la linea férrea que conectaba los campos con el resto de los campos, donde se separaba hombres de mujeres y niños. Hay que decirlo, esto sucedió ante la vista y paciencia de todo el mundo. La Cruz Roja visitaba el lugar, que pasaba como pantalla de centro humanitario, los hacían actuar, pretender, los hacían engañar a los visitantes de que estaban felices de vivir ahi.

El día en que "los aliados" llegaron allí,  los nazis se encargaron de destruir el máximo de pruebas (incluyendo personas) incendiando todo lo que podían. Las grabaciones que vimos --se supone-- también era un montaje. Los hicieron ponerse en la reja y cuando un soldado aliado la abrió, los ex-presos hicieron como que corrían hacia el exterior con locura. La verdad es que muchos de ellos estaban débiles o no entendían qué sucedía porque en el aislamiento no sabían que el régimen nazi estaba siendo desarticulado.

Estuvimos en las cámaras de gas. Oscuras. Se pide al entrar que guardes silencio. Que respetes a los caídos. Pero mucha gente estaba ahí para la selfie solamente.

Créanme. Esto era la primera parte. Luego de varias horas fuimos al segundo lugar. Birkenau. Cuando regresamos esa tarde a nuestro hostal. No teníamos ganas de seguir. Salimos de noche a comer a algún lugar. Me compré un encendedor en el mercado de la plaza central. Pero claro, cuando habíamos abandonado Polonia me di cuenta que el encendedor no funcionaba.

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