Un encendedor que no enciende | un viaje a Polonia parte I

Hoy caminaba frente a la Catedral de Santiago. Está cambiada la Plaza de Armas frente a ella. En algún esfuerzo de modernización, que pareciera responder a ninguna identidad, ha sido modificada, como así su entorno, tanto arquitectónicamente, como en cuanto a los habitantes de este barrio. Me bajé del metro Plaza de Armas, para pasar por una reparadora de calzado, y luego dar un paseo por las tiendas de ropa usada de calle Bandera, calle que está también "intervenida" desde hace varios años, en un afán modernizador (que incluye metro de Santiago), que implicó un corte en el tránsito entre Catedral y Santo Domingo. Esta transformación, que lleva años en progreso (si es que a eso se le puede llamar progreso), está a unos pasos de la Municipalidad y de la oficina Central de Correos de Chile.
De reojo, frente a la Catedral, vi una estatua que me recordó a Juan Pablo II, lo que a su vez me trajo recuerdos de un viaje a la ciudad de Krakovia, en Polska (Polonia), ciudad de Origen de Karol Wojtyla.
Llegamos al aeropuerto de la ciudad  (llamado también Juan Pablo II) muy tarde en la noche, debido a varios retrasos desde la conexión en Holanda. Perdimos en el camino a uno de nuestros amigos, que sufrío un retraso de su vuelo desde Manchester, lo que lo hizo perderse de esta parte del viaje.  Tarde en la noche, decidimos tomar un taxi hasta nuestro hostal. Fue menos de media hora para llegar a lo que parecía ser un internado.
Nuestro primer acercamiento a la ciudad de Krakovia fue a través de nuestra primera salida nocturna, en la misma noche de llegada. Una ciudad que impresiona por sus calles, su tránsito, su plaza central. Es a la vez despampanante y sencilla. Y aunque no visité muchos otros lugares, parece que toda Polonia es hermosa y austera. Tiene sus castillos, grandes castillos, pero aún así es una ciudad sencilla.
El centro de la ciudad estaba a quince minutos caminando desde el hostal. Y dimos unas vueltas por la ciudad para reconocerla, ya que el cansancio no nos permitía entender el mapa.
Había mucha vida nocturna, principalmente gringos jóvenes, borrachos. Parecía que vivían un momento ansiado de libertad, porque lo que principalmente hacían era ir a emborracharse y estar en el macdonalds.
Estabamos en Krakovia, Polonia, porque queríamos ir a los campos de concentración.

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