Más grande que uno

Recuerdo muchas navidades en que mi hermano menor (cuando éramos solo 2) se encerraba en el baño por horas y no salia, obligando a todos a gritarle -por turno a través de la puerta- que saliera, que estaba todo bien, qué por qué estaba triste. Terminábamos todos llorando, y me preguntaba qué cosa además de que yo era matea y de que él escribía los números al revés, y que mis papás se quejaban de las malas notas, qué podía estarle pasando que sufriera tanto. Cuando ya era grande, y nos llevábamos mejor y yo había pedido todo los perdones necesarios sobre la vez que le enterré el lapiz, o por gritarle o por desquitarme con él cuando no debía, me contó que aquellos días de navidad sentía una emoción tan pero tan grande que era mayor que él y su cuerpo y su mente de niño, y que no podía manejarlo, no sabía qué hacer y que por eso se encerraba en el baño, a esperar que se le pasara. Anoche nos reíamos de las morisquetas que hacía con los regalos, anoche nos reíamos mucho de las fotos que sacamos y con las cuales le vamos a hacer bullying.

25/diciembre/2015

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