La Vorágine

"En otras épocas fui más débil, fui menos acertada, y más enrollada. Ahora mi vorágine es como mi nube tecnológica. En mi celular debiera poner una apps llamada Vorágine on line, como se puede ver el pronóstico del tiempo."

La vorágine ese una novela del colombiano José Eustasio Rivera, que la leí cuando iba en la escuela básica, y aunque no recuerdo bien la trama,  nunca me olvidé de este título tan magnífico... Una vorágine es un remolino de gran fuerza que se forma en el mar, y también se refiere a una mezcla de sentimientos intensos y desenfrenados.

A veces creo que veo mi propia vorágine pero desde arriba, veo su fuerza y puedo sentirla. Pero no me percibo en pánico, más bien en desafío como si estuviera en la boca del lobo o "en la pata de los caballos". Un par de vistazos en la agenda y con un par de anotaciones desvanecen la bruma. "Que no se te olvide acordarte que me tienes que olvidar" dice la canción de los tr3s...

La fuerza indescriptible de esta vorágine de vida, también se refleja en la cantidad de personas que en este último año ha aparecido en mi vida, en torno a mis proyectos. Sobretodo el que está en torno a la fabricación de libros artesanales, con La Joyita Cartonera. Tan solo en un año hemos publicado y autopublicado (sin pudor) 8 títulos, de poesía e ilustración. Además vamos a cerrar este ciclo con la publicación de un poemario mítico escrito en 1983 por la poeta Carmen Berenguer (Bobby Sands desfallece en el muro); y preparando ya proyectos del 2016 (algunos en paralelo).

Incluso viene esta imágen de parte de mi padre, quien me dijo una vez que no me dejara llevar por la vorágine dde la soledad. Mi padre estaba preocupado...

En este proceso de trabajo, en que decidí que yo debía hacer mis cosas, hacer ilustraciones, libros, estudiar técnicas de ilustración, diagramación, crítica literaria, continuar con mi práctica de yoga personal (lo que ha sido un poco desafiante), seguir leyendo un poco de filosofía, un poco de arte, un poco de poesía, un poco de novela, ir al cine, ver documentales, escribir a gentes de otros países, escribir a gentes en Chile, hacer fotos del trabajo, hacer fotos de los avances, hacer fotos personales y fotos que no serán publicadas... escribir mails, responder mails, decidir qué contar y qué no contar. Atreverse a explorar, atreverse a saber qué explorar, atreverse a esperar. Aprender a hacer asociaciones virtuosas y  colaboraciones a cambio de educación, a cambio de amistad, a cambio de explorar, aprender a decir que sí y decir que no, y aprender a irse en el momento justo, o alejarse, y también aceptar el error, la equivoción, la imperfección... Hacer un gesto, pequeños gestos que me vuelven más humana y menos esquizoide y me quitan locura.

En otras épocas fui más débil, fui menos acertada, y más enrollada. Ahora mi vorágine es como mi nube tecnológica. En mi celular debiera poner una apps llamada Vorágine on line, como se puede ver el pronóstico del tiempo. Los que están más cerca deben saber que existe esta vorágine y que estoy en el borde, como equilibrista, deben saber que puedo pensar y hacer varias cosas al mismo tiempo. Estar informados de que si en algún momento estoy mirando a través de ellos, es porque algo en la conversación despertó una nueva entrada a La Vorágine, que un mecanismo se activó, que va a derivar inevitablemente en el almuerzo del día domingo, el poema que le faltaba al poemario o la imagen que le faltaba a la idea.

Sí, yo hago libros artesanales. Mi trabajo acerca a las audiencias a la lectura y al valor de los objetos libros y su contenido. No me vi llegar a esto, pero ha resultado un éxito. Aunque no es perfecto está en formación, está en desarrollo y no veo ningún cartel de "meta" más adelante, porque aunque es un cliché, la meta no está en llegar, sino en el correr.


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