Hoy lo vi


" Yo miraba el cerro San Cristobal que lucía perfecto a la luz de la mañana... y colgando de ese pensamiento fue que lo vi. Lo ví venir, pedaleando su bicicleta. "


Cada mañana viajo en bus para ir al trabajo. La bicicleta está reservada para este lado de la ciudad, ya que el otro lado de la ciudad está después del tunel del San Cristóbal. Los ciclistas no podemos ir por ahí.
De la misma manera, cada tarde corro a la micro, me dejo apretujar en el metro y conservar -lo más que puedo- la calma para llegar a tiempo a mi práctica clínica.
A veces pierdo el entusiasmo y a veces creo estar desconectada de todo a pesar de lo apretados que estamos en la ciudad.
La mayoría de las veces la ciudad es bella -incluso despiadadamente-, pero hay pequeñas cosas que me hacen amarla.
Siempre correr, y últimamente ya no quiero más. Me tomo mi tiempo y llego tarde y veo el humo del tubo de escape de la micro, desde la distancia la escucho rugir. Mi traje de ejecutiva, los tacos, la mochila, los peatones y los ciclistas de la ciclovía me impiden correr fugazmente trás ella.
Y hoy, hoy que me levanté más tarde que nunca, que ni siquiera madrugué ni tomé desayuno. Hoy que incluso mi amiga golpeó mi puerta para saber si yo estaba bien -mientras yo pensaba en los colores de la luz que entraba por la cortina-. 
Hoy, hoy salí y alcancé la micro trepándome por la puerta de atrás. El tránsito parecía aún el tránsito de un día feriado. ¿Dónde estaban todos? Lentamente me fui posicionando en un lugar bien ubicado junto a la ventana. 
A pesar de la multitud, sentía que tenía espacio suficiente, que todo fluía a fuerza de suaves empujones. 
El bus del transantiago continuaba con sus maniobras, con su carga pesada. Los semáforos hicieron lo que debían hacer: sus luces eran perfectas.
Los peatones hicieron lo suyo y finalmente, después del atochamiento, el semáforo que demarca el paso próximo del túnel, fue bondadoso con todos nosotros.
La micro cruzó a último segundo, aprovechando la luz amarilla e hizo un bloqueo estratégico del paso de cebra.
Esquivó una camioneta que quería adelantar y luego se detuvo. 
Yo miraba el cerro San Cristobal que lucía perfecto a la luz de la mañana... y colgando de ese pensamiento fue que lo vi. Lo ví venir, pedaleando su bicicleta. Su casco bien puesto y su mirada concentrada en el camino. Un poco serio nada más. 
¿Qué hace aquí, al otro lado de la ciudad? Alguien que entra de improviso a la vida de uno, con  simpleza, magnetismo, que se va apareciendo en mis pensamientos, ahora se abre paso en las escenas de mi ciudad.
Si lo pienso, llama la atención como se confabula la vida y me hace estar en un lugar preciso y a tiempo. 
Y me quedé tiesa viendo que él pasaba y desaparecía. El bus inició su marcha con poca sutileza. Yo sentí que hoy todo era perfecto. fin

Comentarios

Amanda ha dicho que…
Describes muy bien, fantasía o no, esos momentos mágicos en que un pequeño hecho, gesto, sonido, o simplemente presencia, hace que todo cambie dentro de nuestra cabeza y percepción sensasorial.

¿Será distintivo de lo femenino esa facultad?

Me lo pregunto...digo...me gustó.