Santiago en 100 palabras

Ilustración creada por el colectivo 7 Rayas
En el año 2007 trabajaba como programador en un sucucho que una gran empresa tenía para programadores en Portugal con Argomedo, en Santiago. Recuerdo ese galpón oscuro y maloliente, repleto de cubículos, ratas, murciélagos, guardias de dudosa reputación y computadores. Yo trabajaba en la sala asfixiante que tenía de cubículo cuando recibí un llamado. Era una mujer que me aseguró llamaba de parte de Santiago en 100 palabras. Me dijo que junto a otras diez personas había sido escogida para el certámen de ese año.
¡Cincuenta mil! Creo que casi me desmayé de la impresión, pero talvez fue la falta de oxígeno en la sala.
Luego vinieron las invitaciones a premiaciones en el Metro y varios años seguidos me invitaron también a participar en diversos encuentros públicos. Claro que siempre quedaba con una sensación amarga, porque sentía que a nadie le importaba realmente que yo estuviera ahí, qué me llevaba a escribir o todas las puertas que esa aparición me había abierto. Algunas veces llevé ejemplares de la revista El Puñal -que en esa época hacía junto a un grupo de amigos- para invitar a otros ganadores a participar. Pero nunca ninguno de ellos me contactó o envió algún trabajo para la revista on-line.
El año recién pasado recibí un mail de la organización donde decían que querían usar nuestros rostros para una campaña, la actual. Yo estaba en un viaje a Chiloé en esos momentos. Me pregunté si acaso no querrían gastar mejor los recursos en hacer algo diferente que no oliera tanto a propaganda. Era un presupuesto mezquino para un certámen tan famoso... pero fue una idea que no desarrollé demasiado y que olvidé mientras caminaba por hermosas sendas chilotas...

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